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Yunes y la historia sin fin… de acusaciones



Acusadortitis… si lo que padece nuestro gobernador fuera enfermedad ese sería su nombre, y es que desde su campaña lo debimos ver venir, acusación tras acusación y promesa tras promesa, Yunes Linares llegó al palacio de gobierno veracruzano señalando una verdad a todas luces evidente, el desfalco financiero de Javier Duarte y sus funcionarios allegados a la economía estatal.

Una vez iniciada su administración, los señalamientos sobre supuestas medicinas, entre ellas quimioterapias aplicadas a niños veracruzanos que habrían sido suplantadas por agua destilada fueron un boom mediático, pruebas de VIH inservibles y más medicamentos chinos llenaron las planas, pantallas y micrófonos, pero cuando Cofepris y el Sector Salud a nivel nacional pidieron pruebas de las acusaciones, dejó el tema por la paz y al menos públicamente no se presentaron dichas pruebas.

En el sur del estado, tras el estallamiento del conflicto en Tatahuicapan entre ejidatarios y gobierno, el mandatario acusó al partido Morena de estar detrás de los habitantes de esta zona serrana, incuso señaló a la diputada Rocío Pérez de Cosoleacaque de tener intereses económicos en el problema, de nuevo, no presentó pruebas.

Luego focalizó sus señalamientos, y poco después de que su hijo Fernando Yunes Márquez anunciara su licencia al cargo de senador para contender por la alcaldía del puerto de Veracruz, inició una serie de acusaciones contra Andrés Manuel López Obrador, líder nacional de Morena y evidente candidato a la presidencia de la república; según el gobernador veracruzano, AMLO recibió dos millones y medio de pesos de Duarte y recientemente ha dicho que el Tabasqueño no paga impuestos de sus propiedades en el país. Las pruebas, las seguimos esperando.

Entre una acusación y otra, el Órgano de Fiscalización Superior de Veracruz no se salvó, el gobernador hizo dar un salto a su titular Lorenzo Antonio Portilla cuando dijo –sin pruebas- que el Orfis había maquillado las cuentas durante la administración pasada para no afectar a Duarte, pese a que del exmandatario veracruzano al que por cierto, prometió encarcelar al llegar a la gubernatura, no se sabe nada.

Aunque a nadie le gustan los acusones, señalar como lo hace el señor gobernador, no es pecado, lo malo, es hacerlo sin pruebas y como mero golpeteo político; lo peor, es hacerlo mientras llevas las riendas de un estado que se cae a pedazos entre inseguridad, pobreza, desempleo y pésima infraestructura carretera; recordemos que solo son dos años de gobierno y es cierto que ni con una varita mágica se arreglaría todo, pero perdiendo el tiempo de esa manera la actual administración estatal no avanzará en nada.