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México es el país que menos invierte en infraestructuras de América Latina



El desarrollo del mercado interno se ha convertido en el punto de partida de prácticamente todos los programas políticos para las elecciones federales mexicanas de 2018: más consumidores con mayor poder de consumo para compensar el creciente riesgo del proteccionismo internacional sobre la economía.

Esa idea ocupa un lugar preponderante en los discursos del actual presidente, Enrique Peña Nieto (PRI); de Andrés Manuel López Obrador, candidato del izquierdista Morena; y de los precandidatos del conservador PAN y del progresista PRD.

También se ha hecho con un lugar central en los últimos pronunciamientos públicos del hombre más rico del país, Carlos Slim, cuyo perfil político ha crecido como la espuma desde la victoria de Donald Trump en Estados Unidos. Pero ese loable objetivo pasa, inevitablemente, por un incremento sustancial de la inversión en infraestructuras que no se ha producido en los últimos años.

En economía, los multiplicadores lo son prácticamente todo cuando hay que decidir a qué destinar el dinero público: revelan la capacidad de una inversión de incrementar el crecimiento, el objetivo último de cualquier medida de política económica.

En México, las cifras son concluyentes: por cada punto porcentual de PIB dedicado a infraestructuras, el crecimiento económico aumenta un 1,3%, según los datos de la agencia de calificación Standard and Poors.

“Hay una correlación claramente positiva entre ambas variables”, subraya Jose Coballasi, analista de la calificadora en México y firmante de un reciente estudio que exhorta al país norteamericano a seguir invirtiendo independientemente de lo que ocurra con las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Es su futuro económico lo que está en juego.

A ello, hay que sumarle los casos de corrupción que han sobrevolado y obstaculizados algunos de los proyectos más ambiciosos del sexenio de Peña Nieto, caso del tren rápido a Querétaro, presupuestado en 4.800 millones. Su anulación por parte del presidente a tres días de la licitación –para tratar de aplacar las críticas de que la obra iba a parar a un consorcio chino apoyado por empresas mexicanas ligadas al gobernante PRI-, provocó que muchos inversionistas se alejasen de México.

Por último, dada la privilegiada situación de México —paso obligado entre América Central y América del Sur y EE UU, y con salida a dos océanos, el Atlántico y el Pacífico—, el desarrollo de los puertos es condición sine qua nonpara aprovechar todas las oportunidades que brinda la geografía.

“Hay que evitar que muchos productos tengan que entrar o salir por puertos estadounidenses por falta de capacidad de los nuestros”, señala Ordóñez. “Los puertos de Altamira y Veracruz están sobresaturados; y otros más pequeños, que podrían soportar más carga, no pueden aprovecharse porque están mal conectados”, cierra Durán Fernández. Pequeños pasos para un gran avance de la economía mexicana.


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